lunes, 30 de junio de 2008

Unos y otros

Pequeño, triste, sereno, discreto, ... así lo veían la mayoría de sus compañeros, muy pocos llegaron a compartir su amistad, aunque siempre estuvo allí.

Había pasado mucho tiempo y continuaban creyendo que era diferente, siempre reía hacia adentro, tanto que los demás no lo percibían. La situación no le hizo nunca sentirse mal, al contrario, acostumbraba sentirse feliz.

Fue inevitable que aquel encuentro, después de tantos años, acabara en lluvia de recuerdos, algunos ni se habían imaginado que rió con ellos, observaban con sorpresa sus relatos, llenos de detalles, ... pero, ¿estabas tu allí?, llegaron a preguntarle.

Hacer encajar perfectamente a las personas, como si se tratase de piezas en un puzzle, es difícil de conseguir, ... no siempre funciona como nos gustaría. Cualquiera de nosotros recibe y entrega pedazos de su vida a otros, pero es bastante complicado coincidir en la intensidad o medida en la que se corresponde.

A veces es difícil comprender a los demás y con frecuencia nos equivocamos al valorar una amistad.

Siempre es más fácil relacionarse con aquellos más espléndidos, su carácter abierto les facilita no encontrar puertas cerradas, pero hay otros que son como los gatos, silenciosos, incluso nos llega a asustar esa discreción tan suya que no nos permite ni oírlos llegar. Ni siquiera nos damos cuenta de que sólo aparentemente son distintos.

lunes, 16 de junio de 2008

De fiesta.

Hace unos 20 años, se celebraba una fiesta de rock, varias horas de música en orden cronológico.

Algunos tienen la sensación de que las “tribus urbanas” son algo muy nuevo pero entre nuestros amigos, por su forma de vestir, la música que escuchaban, etc. ya contábamos con mods, punks, heavys, etc.

Teníamos claro que en todas partes hay “gente maja” pero para “nuestros mayores”, en general, ver personas con un aspecto diferente les hacía desconfiar hasta el punto de relacionarlos por norma con “drogas”, “alcohol”, etc., ... como si no hubiera gente “normal” que se moviera en estos ambientes.

Para amenizar la fiesta se contrató un grupo de música “punk”. En cuanto empezaron a sonar se llenó la pista de adolescentes bailando el “pogo”; todo era normal, hasta la “agresividad del baile” que provocó un alubión de “agentes del orden” que acabaron con la fiesta.

Al día siguiente la noticia del diario era: “el concierto se acabó con los disturbios que provocó el público”. Los que estuvimos allí sentimos rabia, pues en realidad no hubo motivo para acabar así, y más por lo que se publicó.

La pasada semana acudí a un concierto joven, observaba lo que ocurría a mi alrededor: un grupo hablando aquí, otro bailando allá, y unos pocos con un “cuelgue espectacular”, suena un tema de “ska” y a bailar el “pogo”, en un momento desafortunado estos últimos se dan un empujoncito, pero el desequilibrio provocado por la embriaguez hizo que uno de ellos cayera en medio de otro grupo, se levanta y se aleja enfadado con su amigo. Intentaron echarlos del recinto, pero la realidad es que no habían hecho nada que no hicieran los demás. Su aspecto era algo diferente, vivían la fiesta a su manera, pero en ningún momento se metieron con nadie; la percepción del encargado fue errónea, la tensión que le provocaba el estar allí de responsable le hizo equivocarse.

Todavía nos cuesta asimilar que alguien se muestre diferente, y a veces hasta tengo la sensación de que muchos jóvenes de hoy son menos tolerantes de lo que lo éramos nosotros.