Pequeño, triste, sereno, discreto, ... así lo veían la mayoría de sus compañeros, muy pocos llegaron a compartir su amistad, aunque siempre estuvo allí.
Había pasado mucho tiempo y continuaban creyendo que era diferente, siempre reía hacia adentro, tanto que los demás no lo percibían. La situación no le hizo nunca sentirse mal, al contrario, acostumbraba sentirse feliz.
Fue inevitable que aquel encuentro, después de tantos años, acabara en lluvia de recuerdos, algunos ni se habían imaginado que rió con ellos, observaban con sorpresa sus relatos, llenos de detalles, ... pero, ¿estabas tu allí?, llegaron a preguntarle.
Hacer encajar perfectamente a las personas, como si se tratase de piezas en un puzzle, es difícil de conseguir, ... no siempre funciona como nos gustaría. Cualquiera de nosotros recibe y entrega pedazos de su vida a otros, pero es bastante complicado coincidir en la intensidad o medida en la que se corresponde.
A veces es difícil comprender a los demás y con frecuencia nos equivocamos al valorar una amistad.
Siempre es más fácil relacionarse con aquellos más espléndidos, su carácter abierto les facilita no encontrar puertas cerradas, pero hay otros que son como los gatos, silenciosos, incluso nos llega a asustar esa discreción tan suya que no nos permite ni oírlos llegar. Ni siquiera nos damos cuenta de que sólo aparentemente son distintos.
Preparando un strike
Hace 11 años
