sábado, 25 de octubre de 2008

Un cuento interactivo

Aquella tarde Shirsti acudió junto a otras amigas a casa de Mely. Le llamó la atención un libro que alguien había dejado sobre una mesa, la lectura no era uno de sus fuertes, pero desde que lo abrió permaneció sentada en un rincón absorta en su lectura, incluso alguien llegó a preguntarle si se encontraba bien.

Acabó la velada y volvió a su casa metida todavía en aquel espacio que le había creado el libro, sin entradas ni salidas, donde no había nadie más que ella pero en el que podía sentir que la escuchaban.

Descubrió otra propiedad en aquel cuento, por lo visto todo aquel que lo abría se quedaba tan prendado de él que sin pedirlo lo tomaba prestado; y se lo encontró allí, sobre una de las estanterías de su casa.

Cada mañana, antes de empezar a trabajar leía alguna de aquellas páginas y su cabeza giraba y giraba en torno a sus palabras. Meses después el cuento empezó a cambiar, parecía cansado y se había vuelto algo menos interactivo; hasta que un día, como si alguien le hubiera inyectado una especie de virus, desapareció.

Fue en ese momento que ella se dió cuenta de lo vacía que había estado durante tanto tiempo aquella estantería.