Era una niña todavía, de la mano de sus padres contempló aquel majestuoso espectáculo de colores sobre el cielo. Desde entonces, Elizabeth, una pequeña despierta y vivaracha, a quien todos llamaban Lili, no pudo apartar de su cabeza la idea de subir al cielo en uno de aquellos artefactos que ella misma se esforzaría en fabricar.Haría una enorme cometa capaz de soportar su peso en el aire y tendría una cola llena de lazos de colores colocados por todos aquellos que colaboraran con ella en su aventura y que la acompañarían durante su ascenso.
Sus padres la observaban y apoyaban mientras se esforzaba en la construcción de su ilusión.
Poco a poco iba tomando forma, sus hermanos y amigos se entusiasmaron tanto con ella que pensó debería hacerla más grande, sus padres continuaban a su lado, animándola, sabían que mientras se mantuvieran ahí seguirían teniendo el privilegio de sujetar los cables que guiarían su vuelo y se encargarían de darle el mejor de los impulsos.
No dejó de trabajar en ella, ... a medida que pasaban los años fueron añadiéndose personas al proyecto (pareja, hijos, compañeros, ...). De vez en cuando, debía recalcular sus dimensiones para poder soportar el peso de los numerosos lazos que debía arrastrar. Sus padres se iban haciendo mayores, tenían menos fuerza pero también sabían que ya no serían los únicos encargados de sujetar las cuerdas.
A Lili no paraban de crecerle las ocupaciones y su proyecto fue perdiendo importancia, aunque seguía allí en un pequeño espacio cada vez más arrinconado. Casi se había olvidado de su cometa, era feliz y su vida se llenaba a diario de momentos de todo tipo que no cedían tiempo para más.
En un bar donde se encontraba tomando algo con sus “compañeros de fatigas” antes de entrar a trabajar, cruzó su mirada con los ojos de alguien sentado frente a ella que la observaba mientras bajaba su brazo tras dar un trago a su cerveza. Aquella mirada la removió por dentro, obligándola incluso a bajar la vista, ... un sentimiento de melancolía, añoranza o tal vez de soledad invadió su mente, a pesar de lo bien acompañada que estaba siempre.
Al volver a casa, lo primero que hizo Lili fue acudir a su rincón y allí encontró a su cometa algo vieja y destartalada, hacía demasiado tiempo que no se ocupaba de ella.
Después de tocarla y contemplarla durante un buen rato se fue a dormir, despertó de un bonito sueño, no demasiado claro, pero sintió el aire ... y aquellos lazos rozando su cara.
Su cometa la había reconquistado y aunque no podía dedicarle el tiempo que quisiera, le ilusionaba tenerla ahí. De vez en cuando volvía a aparecerse en sus sueños, ascendían juntas, nadie sujetaba los hilos y el resto del mundo se mantenía impasible, al despertar se sentía tranquila y feliz, había paz en su interior.
Tenía claro que ya no podía quererla como antes, era una especie de sueño imposible, pero amaba su ilusión y por eso la conservaba.

