martes, 5 de agosto de 2008

De paso ...

Había aprendido a obedecer, callar, no elegir, tener calma, paciencia, a esperar, conformarse, ..., se dejó arrastrar por la corriente, aparentemente agradable y tranquila, con la esperanza y hasta la seguridad de que con su actitud todo iría bien.

A medida que iba avanzando la corriente se hacía más fuerte, no había vuelta atrás, los tropiezos con objetos flotantes abundaban y cuando el nivel de agua bajaba se golpeaba con las piedras del fondo o en el mejor de los casos era únicamente barro con lo que se rozaba.

En uno de esos poco habituales momentos de calma, logró asirse a una rama, podía respirar mejor, recuperarse por un instante, pero duró poco el sosiego:

... al observar como se alejaban aquellos que hasta entonces habían viajado junto a ella, nadó a favor de la corriente, ... hasta alcanzarlos.

... por la vida

2 comentarios:

Ana dijo...

Solo pasé a saludar y me quedé leyendo sin comentar, solo reflexionando, mirando los molinos manchegos y escuchando a Mago de Oz.
Un abrazo

Ariadna dijo...

Dejarte llevar a veces es la mejor de las opciones. La mejor siempre que uno salga reforzado y que pueda llevar al lado a aquellos buenos compañeros de viaje. No me entristeció, aparecí, leí aquello y me emocionó mucho...un besito.