Aquella tarde Shirsti acudió junto a otras amigas a casa de Mely. Le llamó la atención un libro que alguien había dejado sobre una mesa, la lectura no era uno de sus fuertes, pero desde que lo abrió permaneció sentada en un rincón absorta en su lectura, incluso alguien llegó a preguntarle si se encontraba bien.
Acabó la velada y volvió a su casa metida todavía en aquel espacio que le había creado el libro, sin entradas ni salidas, donde no había nadie más que ella pero en el que podía sentir que la escuchaban.
Descubrió otra propiedad en aquel cuento, por lo visto todo aquel que lo abría se quedaba tan prendado de él que sin pedirlo lo tomaba prestado; y se lo encontró allí, sobre una de las estanterías de su casa.
Cada mañana, antes de empezar a trabajar leía alguna de aquellas páginas y su cabeza giraba y giraba en torno a sus palabras. Meses después el cuento empezó a cambiar, parecía cansado y se había vuelto algo menos interactivo; hasta que un día, como si alguien le hubiera inyectado una especie de virus, desapareció.
Fue en ese momento que ella se dió cuenta de lo vacía que había estado durante tanto tiempo aquella estantería.
Preparando un strike
Hace 11 años

4 comentarios:
q curioso me ha resultado el relato, hay segunda parte? me gustaria leerlo :)
No, no hay segunda parte,... la puedes poner tú, ... échale imaginación.
Gracias.
Con tu relato me inspiró para pensar que a veces leyendo nos quedamos tan presos de la historia que casi quedamos metidos en él para siempre jejeje
Besos
Ja ja !! Ana, tu si que sabes.
Susana a lo mejor algún día me pongo a ello.
Besos, para tu colección: x x x x
Publicar un comentario